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Procomún y cultura: ¿pastilla azul o pastilla roja? Imprimir E-mail
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NOTICIAS - INTERNET
Martes, 27 de Marzo de 2012 09:47


 
 
Por David García Aristegui, Programa Comunes en Radio Círculo

Pastilla azul
 
Hay que leer a autores como Antonio Lafuente, y dar una centralidad total al procomún en nuestros discursos y en nuestras prácticas. Una caracterización del procomún sería, según Lafuente:
 
“Lo que es de todos y de nadie al mismo tiempo”. En el castellano antiguo más que describir una cosa, da cuenta de una actividad que se hace en provecho de todos. El procomún, los commons, en todo caso, no es definible, porque evoca la existencia de bienes muy heterogéneos que van desde los viejos pastos comunales a los nuevos mundos de la biodiversidad, el folclore o la gastronomía”.
 
Son necesarias nuevas instituciones de defensa del procomún, por fuera del Estado y de las entidades de gestión.
 
El cierre de Megaupload es un episodio más de la World War Web, el ataque de dinosaurios que aún tienen el poder económico y la fuerza policial-legal, dinosaurios a los que no les gusta la competencia y que se niegan a asumir el final de una industria obsoleta. En internet no se pueden poner puertas al campo, la voluntad de compartir contenidos masivamente -en redes P2P o en redes de descargas- por parte de la comunidad es algo imparable técnicamente. Hay que dejar morir a las industrias que no se quieran adaptar a la nueva realidad social, y generar nuevos modelos de negocio.
 
En esos nuevos modelos de negocio Internet elimina intermediarios, éstos ya no son necesarios la relación entre el creador y su público puede hacerse ya sin la mediación de nadie. El copyleft y las licencias libres suponen la desregulación de la propiedad intelectual, hay que acabar con la gestión colectiva obligatoria de derechos y con esos parásitos que son las entidades de gestión, que además han resultado ser entidades corruptas. Esas entidades están envueltas en escándalos como el que destapó la Operación Saga, que supuso la detención de la cúpula de la SGAE. Como ha hecho recientemente Diagonal, hay que utilizar licencias verdaderamente libres, que permitan el uso comercial de las obras para “impulsar modelos empresariales éticos, que aporten al procomún y que a la vez sean sostenibles como proyectos y para las personas que trabajan en ellos”.
 
Hay que implicarse en la lucha contra la Ley Sinde-Wert. Como plantea X.net, Internet es un pieza clave en el proceso de desmantelamiento de los poderes fácticos, de un poder caduco y cuestionado en su totalidad. Estos poderes luchan sin cuartel para destruir Internet tal como lo conocemos y arrebatárselo a la gente. “Contra la Ley Sinde-Wert, contra ACTA, contra SOPA comparte, comparte, comparte! Internet libre o barbarie! Be Sociable, Share!”
 
Pastilla roja
 
Hay que leer a autores como César Rendueles, y dar una centralidad total al análisis del capitalismo de casino y al fetichismo tecnológico, hegemónico en discursos y prácticas. El fetichismo tecnológico puede definirse según Rendueles como “la ficción de que las tecnologías de la comunicación y los conocimientos asociados tienen un sentido neutro al margen de su contexto social, institucional o político”. Es necesario el poder implicar a las instituciones en la defensa del conocimiento libre, por ejemplo a través de una entidad de gestión pública o asociaciones que defiendan a los creadores “copyleft”, impulsando infraestructuras que creen empleo para los trabajadores del sector.
 
Megaupload es el enésimo episodio de las luchas que sostienen los distintos tipos de capitalistas. La propiedad intelectual es una fuente de beneficios especulativos, con una relación remota con la producción real. Megaupload se lucraba a través de los contenidos proporcionados por la industria de contenidos, pero sin dar nada a cambio a ésta -como si hacen los capitalistas financieros con los capitalistas de los sectores productivos, por ejemplo- hasta que el parasitismo de MU se hizo insostenible. Estas luchas entre capitalistas continuarán hasta que no se generen nuevos modelos de PI que encajen en internet.
 
Internet no disminuye los intermediarios, los aumenta: coexisten con los anteriores intermediarios nuevos, legítimos (sitios de venta online, servicios de streaming) e ilegítimos (los de descargas directas como Megaupload). Al igual que cuando desaparece la negociación colectiva esto supone peores condiciones laborales para los trabajadores, la hipotética desaparición de la gestión colectiva de derechos redundaría en perjuicio de los creadores, al tener éstos que sufragar con sus propios recursos la negociación individualizada (por tanto, a la baja) de las condiciones de explotación comercial de sus obras, dentro un mercado totalmente desregulado. Hay que repensar que implican las licencias libres sin restricciones a los usos de las obras: si cualquiera se puede apropiar de esas obras sin dar nada a cambio (como hacía MU sin permiso) estamos fomentando precaridad y explotación. Sólo es razonable el uso libre de las obras entre las personas y empresas que utilicen también licencias libres (como se defiende desde la propuesta del Copyfarleft).
 
Hay que implicarse en la lucha contra la Reforma Laboral. La aceptación de condiciones laborales cada vez más injustas implican que se perpetúe el sistema capitalista, sistema que cada vez es más evidente que se devora a sí mismo y, de paso, a toda la gente que lo sufrimos. Volviendo a Rendueles, hay que acabar con la ficción de Internet como un espacio neutro -sospechosamente parecido al mercado- de “individuos autónomos sin otra relación que sus intereses comunes”. Internet no es un espacio autónomo de la explotación y la voracidad capitalista.